Capítulo 1- Un chico extraño
Aún recuerdo como sucedió todo ese miércoles, horas antes
de conocer a Zero. Me levanté tarde, como de costumbre. Metí los libros en la
mochila arrastrándolos desde mi escritorio, me vestí rápidamente con lo primero
que agarré de mi armario: un pantalón vaquero negro y una camiseta blanca
básica y por último mis Yumas. Fui al baño, me
miré en el espejo. Estaba rara, pero mi aspecto no había cambiado, seguía
siendo una chica normal de 17 años, con un extraño pelo castaño con reflejos
rojizos, casi parecía pelirroja, con cálidas ondas que resbalaban por mi cara
ovalada; y los ojos verdes, aunque hoy tenían un brillo especial, posiblemente
porque hacía tiempo que dormía muy bien; mi nariz pequeñita y chata hacía
contraste con mis gruesos labios y mis mofletes rosados que me hacían parecer
una niña, lo cual detestaba… y encima mi gran altura de 1’54 metros no ayudaba
mucho… ¡bah! Chorradas, pensé. Fui corriendo a la cocina a comer algo, siendo más
rápida que una liebre me levanté de un brinco y le di un beso a mamá, pero ella
me paró y me dio un gran abrazo. En ese momento pensé que le había dado uno de
esos momentos esporádicos en los que las madres piensan “que mayor se hace mi niñita”, pero ahora siento que lo hizo de modo
de despedida, sí, un gran abrazo de una madre que sabe que es hora de decir
adiós a su niñita y decirle hola a la realidad.
Cuando llegué al instituto, todas las chicas estaban
reunidas en corritos, cuchicheando y riendo, cómo odiaba que hicieran eso. Me
acerqué a mi amigo Mike y le pregunté; él al instante señaló a un chico. Me
quedé prendada al verlo. Tenía un hermoso cabello negro azabache, una piel
bronceada, y unos ojos enormes color miel que destacaban frente a su pelo, pero
se armonizaban con su piel. Tenía una mirada pícara, de esas que te cautivan y
no puedes dejar de mirar porque te hipnotizan, pero sobre todo me quede
paralizada al ver su rara vestimenta, ¿nadie se había fijado en eso? Llevaba
unos pantalones un poco desgastados grises y unas botas marrones que jamás
había visto antes, pero dejando al margen su estilo medieval, me percaté en que
la camiseta negra con cuello de pico ceñía sus anchas espaldas. Era alto, bueno
comparado conmigo muy alto. No solo eso, tenía un cuerpo perfecto, pero sobre
todo era extremadamente guapo. Pareció notar mi mirada fija en él, pero en vez
de esquivarla, me miró desafiante, como retándome a hacer algo. En el instante
en el que aparté la vista, él se acercó a mí, y me pareció escucharle decir
“Sígueme”, pero era imposible, sus labios no se habían movido. Lo ignoré, pensé
que seguro que había sido mi imaginación, pero el muy cretino me cogió por el
brazo, mientras le iba soltando toda clase de insultos, y me llevó en contra de
mi voluntad hasta la esquina del instituto. Recuerdo a la perfección sus
palabras al parar en la esquina:
- Te
dije que me siguieras, ¿por qué demonios no lo hiciste? No hay que perder
tiempo, en poco tiempo será tu coronación. Así que es hora de apresurarse.
En ese instante no sabía si reír o gritar pidiendo
auxilio. ¿Coronación? Este tío estaba drogado, borracho, ¡loco! Pero por alguna
extraña razón no hice nada, me quedé quieta, muda. Quizás esperaba una
explicación a aquello que estaba sucediendo.
- ¿No
piensas decir nada? ¿Te ha comido la lengua el gato? ¡Oh!, es cierto, no sabes
nada. Pues bien te lo explicaré rapidito y después nos iremos a Casia. Soy
Zero, escolta real y tú, Sora, eres la princesa del mundo Casia, última
descendiente de la familia Van Guiret. Y ahora para de comportarte como una
cría y sígueme.
¿Yo? ¿Princesa? ¡Sí, claro! ¡Y mi madre es la Sirenita! Cuando por fin pude
reaccionar, contesté:
- No
iré contigo a ninguna parte, tú estás loco, majareta, chiflado, y ahora me voy
a clase que llego tarde.
- Aunque
debía llevar a una mujer hermosa, y tú no te asemejas en nada a eso…
- ¡Cretino!
Pero en el mismo momento en el que se puede decir “pío”,
la calle empezó a tambalearse. ¡Un terremoto! Debíamos correr hacia un lugar
seguro. Ponernos a salvo.Pero por muy extraño que suene, incluso pensareis que estoy más majareta que el tal Zero, el tiempo cambió. El cielo fue cerrado por unas enormes nubes, apareció un viento gélido y en el fondo de la calle un gran agujero. Si no fuese porque estaba en el suelo y no el cielo, habría afirmado que era una nube de tormenta. Pues era negro, los bordes se iban difuminando con los objetos de su alrededor, y en tales bordes salían rayos despampanantes. De ese extraño agujero salió una bestia horrible. La parte delantera era parecida a la de un león, la posterior a la de un enorme macho cabrío, junto con unas gigantescas alas de dragón. Tenía tres cabezas, de león, dragón y macho cabrío. Empecé a gritar y a llorar, y me quedé paralizada por el miedo. Mis ojos no daban crédito a lo que estaban viendo, ¡era imposible que existiese una cosa así! Giré inmediatamente la cara hacia Zero, el cual se mantuvo firme y maldijo algunas palabras inteligibles, supuse que estábamos en un grave peligro. Comencé a temblar, mi cuerpo no me respondía, intentaba huir, pedir ayuda, pero nada. Zero me miró, supongo que se dio cuenta de mi situación de pánico porque, casi sin darme cuenta, me volvió a coger del brazo, y me obligó a correr. Me llevó hacia un callejón, dónde parecía que buscaba desesperado alguna cosa. Cada vez se oían más los estruendos de la bestia. Se estaba acercando, se nos agotaba el tiempo. Zero estaba empezando también a temblar, no paraba de meter sus manos en sus bolsillos y en la mochila que llevaba. Cuando creí que era el fin, Zero pareció encontrar lo que ansiaba buscando
- Cogeré
este palo, y esto también me será muy útil. – Decía mientras arrebataba de mi
cuello una moneda de plomo que llevaba a modo de collar.
- ¡Eh!
¿Qué haces? ¡Eso es mío, ni se te ocurra utilizarlo!
- ¡Cállate
pesada!
Después de decir eso puso mi moneda en la punta del palo,
y cuando apareció la bestia se lo lanzó. El enorme monstruo se desplomó en el
suelo, como si le hubieran lanzado una gran lanza y no un simple palo con una
moneda.
- No
debemos permanecer mucho tiempo aquí, el plomo, junto con el palo se ha fundido
con su ardiente respiración, solo lo adormecerá durante media hora.
- Pero…
¡¿Qué era esa cosa?! Y, ¿por qué nos perseguía?
- Estúpida
inculta – refunfuñaba mientras me sacaba del callejón- Ese monstruo es llamado
Quimera, y a mí no me perseguía. Solo a ti, ¿no has prestado atención a nada de
lo que te he dicho? Tú eres la princesa, el último legado… ¿Lo captas?
- Pero…
- ¿Solo
sabes preguntar o quejarte? – Decía mientras sacaba del bolsillo del pantalón
un anillo con una rosa- Empezó a dibujar un círculo en el aire, y apareció un
agujero idéntico al del que salió la bestia llamada Quimera.
- Oye,
¿Qué haces?, ¿Qué es eso?
Y sin opción a preguntar nada más, me empujó hacia
adentro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario